Comparando rascacielos

Me lo pasé bastante bien comparando rascacielos mientras escribía ¿Y si el rascacielos más alto del mundo midiese lo que el Modulor?, mi pasada colaboración en Cosas de Arquitectos. La verdad es que empezó siendo algo serio, un intento de asimilar el dato numérico de la altura de un rascacielos. Es curioso como nuestra sociedad resume su significado casi siempre en ese número. Y triste comprobar dónde quedan las pirámides o la Torre Eiffel según esta escala de valores. Así nos va muchas veces. Era lógico al final decantarse por la ironía y tomarse las cosas con humor.

¿Y si el rascacielos más alto del mundo midiese lo que el Modulor?

Superseñores en sus rascacielos

 

… El Secretario General de las Naciones Unidas, de pie e inmóvil junto a la larga ventana, miraba fijamente el apretado tránsito de la Calle Cuarenta y tres. A veces se preguntaba si convendría que un hombre trabajase a una altura tal por encima de sus semejantes. El aislamiento estaba muy bien, pero podía convertirse fácilmente en indiferencia. ¿O sólo estaba tratando de racionalizar su desagrado por los rascacielos, aún intacto después de vivir en Nueva York?…

De ‘El fin de la infancia
por  Arthur C. Clarke

La cita aparece muy al principio de El fin de la infancia. Novela publicada en 1953 que reflexiona entre otros temas sobre la cara amable de un futuro, con bastantes diferencias, tipo Gran Hermano, donde unos superseñores extraterrestres desde sus naves suspendidas sobre las principales ciudades, velan por nosotros.

En la vida real sufrimos de otros superseñores no tan amables, que no tienen naves pero nos ven pequeñitos como hormigas.